Fragmento
Nosotros, los inmoralistas, que somos tan distintos, hemos abierto nuestro corazon a toda clase de conocimientos, de comprensiones, de "aprobaciones". Nos resulta dificil negar, sentimos agrado en "afirmar". Cada vez mas, observamos la economia que se precisa para aprovechar todo lo que la santa locura y razon "enferma" del sacerdote rechazan, para ver la estrechez que impera en la ley de la vida, que saca beneficio hasta del tipo repugnante, del santurron, del sacerdote, del virtuoso. ¿que beneficio? Nosotros, los inmoralistas personificamos la respuesta a esta pregunta.
Friedrich Nietzsche - El ocaso de los idolos.



